Resúmen Jornada Docente

Se celebró en Alcalá de Henares la “Jornada sobre estrategias para la innovación docente en Química Analítica: Contenidos y Herramientas”, en la que contabilizamos 75 participantes, que representaban un total de 30 Universidades.

Creemos que el esfuerzo económico de la SEQA ayudando al desplazamiento y alojamiento de un representante de cada Departamento de Química Analítica ha contribuido sustancialmente a este éxito, por lo que, como hicieron otros participante en la reunión, animamos a la Sociedad Española de Química Analítica a seguir por esta línea, en función de sus posibilidades.

La jornada constó de dos conferencias plenarias, impartidas por los Profs. G. D. Christian y R. Salzer, siete comunicaciones orales y treinta comunicaciones en forma de póster. Se celebró además de una mesa redonda sobre “metodología docente y herramientas en las enseñanzas de la Química Analítica en el marco del EEES” moderada por los Profs. Bosch, Cámara y Capitán.

El éxito académico de las mismas es atribuible al Comité Organizador, que estuvo formado por los Dres. A. Narvaez, J.L. Pérez Pavón y M. Torre, a los que queremos felicitar desde estas líneas, así como agradecer la participación y contribución de los 75 participantes, que representaban, como hemos indicado, un total de 30 Universidades.

Reproducimos a continuación algunas reflexiones de la profesora Elisabeth Bosch, moderadora de una sesión de carteles y de la mesa redonda.

Algunas consideraciones generales respecto a la tarea docente del profesor universitario

En primer lugar quiero agradecer a la dirección de la SEQA la oportunidad que me ofreció de presidir una sesión dedicada a las nuevas formas de enseñanza de la Química Analítica, a pesar del desatino que representa proponer a alguien que, como yo misma, está ya fuera de la actividad docente cotidiana. Su argumento, convincente, fue el valor de la experiencia. Valgan, pues, las siguientes consideraciones basadas en la experiencia universitaria. El texto que sigue apunta sólo algunas reflexiones que, en alguna medida, recogen los puntos expuestos en la sesión final y no tiene ninguna otra pretensión.

En primer lugar quiero señalar que se han presentado en esta jornada aspectos muy diversos de la innovación en la docencia de grado en Química Analítica. Bienvenidos! La mayoría son buenas aportaciones y recogen el interés y la dedicación del profesorado a su actividad docente. Las mejores contribuciones se adaptan bien a las características del alumnado que hoy recibimos, a sus hábitos de aprendizaje y a sus capacidades en el entorno de las TIC. Las distintas propuestas pretenden agilizar y facilitar el aprendizaje y se centran en aspectos teóricos, de cálculo o experimentales.

Sin embargo, pretendemos educar a futuros profesionales en una disciplina integrada en el ámbito conocido como de las ciencias duras. Esto implica que nuestra misión como docentes debe incluir los siguientes aspectos:

a) dotar a los alumnos de un lenguaje técnico riguroso que les permita el desarrollo teórico y la resolución de problemas analíticos de cierta envergadura. Hay que conseguir que el estudiante interiorice el significado de electrolito, pH, ruido de fondo, medida fiable, absorción, varianza… y, de hecho, los conceptos generales y clave asociados a la disciplina. La transmisión de un lenguaje riguroso y estricto es la única manera proporcionar al alumno un instrumento sólido de reflexión e interpretación que le permita construir un buen perfil profesional.

b) enmarcar nuestra enseñanza en el campo de la Química y, en menor proporción, de algunos aspectos de la Física, la Biología y las Matemáticas. Debe presidir la idea que la química sintética, la química de las disoluciones y los rudimentos de disciplinas afines que son la base de las mediciones propias de la Química Analítica, constituyen el marco natural de la actividad profesional.

c) introducir al estudiante en planteamientos experimentales, técnicas de laboratorio y técnicas de medida más o menos sofisticadas.

Esta misión no es, ni ha sido nunca, tarea fácil de cumplir. A día de hoy, la actividad docente en nuestras universidades está sujeta a algunos condicionantes severos que  podrían resumirse en

a) la propia estructura de los grados. Cuatro años en los que los estudiantes deben entender la Química Analítica en el marco general del grado de Química, de Farmacia u otros. Es decir, se requiere una buena coordinación y selección de contenidos no siempre bien conseguidas. En algunos casos se mantienen temas propios de las especializaciones de la antigua licenciatura….

b) la organización docente en semestres, en realidad cuatrimestres, estructura que implica asignaturas muy concentradas que dificultan la necesaria reflexión y maduración del estudiante

c) la programación de grupos grandes de estudiantes, que invalidan la llamada “evaluación continuada”

d) el propio concepto de “evaluación continuada” que tiende a fraccionar el conocimiento y la evaluación del conocimiento en compartimientos muy pequeños, característica que dificulta mucho la visión de conjunto

e) la baremización de la actividad docente para la posterior evaluación del profesor. Esto obliga demasiado a menudo a los docentes a buscar actividades “contables” entre las que nunca figura el estudio de la disciplina puro y duro. Es decir, la propia perversión del método.

f)  los trabajos de fin de grado integrados, muchas veces, en las tareas diarias de los grupos de investigación. Esta actividad implica una dedicación personal intensa del profesor a todo alumno, bueno o malo, con una dedicación a costa de las horas de investigación y de la financiación propia de los grupos.

Algunas consecuencias, o daños colaterales, sobre la tarea docente directamente derivados del marco universitario descrito son

a) la simplificación excesiva del proceso de aprendizaje, proceso que, necesariamente, debe comportar trabajo y esfuerzo personal por parte del estudiante. Inmediatamente surge la pregunta, ¿estamos preparando profesionales capaces?

b) la actividad docente orientada a cumplir con los criterios del “baremo” de evaluación, los llamados indicadores. Esta orientación comporta, necesariamente, la búsqueda de actividades objetivables, de una tasa de éxito alta, de reevaluaciones continuas… y, de hecho, deriva en una suerte de secundarización de la enseñanza universitaria

Estas y otras observaciones conducen a la formulación algunos puntos de reflexión para dirigentes y autoridades académicas:

- el trabajo docente del profesor es, en general, excesivo. Decíamos antes: Un profesor universitario debe hacer investigación. Solo se transmite conocimiento y entusiasmo por el quehacer intelectual en cualquier campo desde el interés personal del profesor en un problema concreto.

¿Es válida hoy esta premisa?

¿Estamos convirtiendo nuestros grados en enseñanzas de “college” o nuestras universidades en “teaching universities”?

¿Todas las universidades deben ser equivalentes en todas sus enseñanzas?

¿Ayuda a conseguir un nivel adecuado de la enseñanza universitaria la creación de parques y de institutos científicos con vida propia y alejados de las tareas de formación en grado y, a menudo, en máster?

¿Cuál debe ser el papel de las facultades en este marco nuevo?

- la evaluación de la actividad docente. Se hace muy mayoritariamente a partir de encuestas del alumnado que, obviamente, responden a la curva de Gauss. Es decir, se premian las opiniones del alumno medio que detecta como virtudes del profesor el orden, la simplificación de las explicaciones, el listón de exigencia moderado…. en lugar del conocimiento, la exigencia de esfuerzo personal, la capacidad de transmisión de un lenguaje riguroso y estricto,  la capacidad de despertar la curiosidad… aspectos estos últimos que deberían ser reconocidos como las cualidades sobresalientes de un profesor universitario.

Quiero, finalmente, hacer un comentario final sobre la Jornada Docente que hemos vivido. El comentario es elogioso porque el programa ha sido bueno y las conferencias y, sobre todo, el diálogo con los profesores Gary D. Christian y Reiner Salzer, han sido fructíferos y han despertado un interés evidente en el auditorio. Al mismo tiempo, las contribuciones de los asistentes han reflejado claramente la dedicación y la experiencia de los ponentes y también su capacidad de adaptación a las características y formación previa de los estudiantes que llegan hoy a nuestras facultades. El clima de discusión y compañerismo ha presidido la reunión y, estoy segura, la docencia de la Química Analítica sale claramente beneficiada. Quiero acabar con una felicitación muy cordial por su trabajo a mis compañeros de mesa, Carmen Cámara y José Fermín Capitán, a los organizadores de la Jornada por su cuidado en la preparación general del encuentro y en los detalles últimos, muchos y varios, y también, a pesar de mis primeras palabras, quiero felicitar muy cordialmente a la dirección de la SEQA por su labor de hoy y de cada día.

Alcalá de Henares, 10 de Abril de 2014

Elisabeth Bosch

Catedrática Emérita de Química Analítica

Universitat de Barcelona